Esa mañana ya estaban todos dispuestos para salir cada uno para su pueblo. Cuando se estaban despidiendo en la puerta, Miguel -el cuñado de Esperanza- le dijo:
- Ahora a ser fuerte, tú eres la que más la vas a echar en falta, estabais siempre juntas.
Esperanza empezó a llorar, no lloraba por la falta de su madre, bien sabía ella que a partir de ahora en su casa iba a notar más a su madre que cuando la tenía sentada en la silla de ruedas.
A Esperancita la abrazó su primo.
-Prima si encuentras en tu casa la hucha de la abuela, llámame y la compartes conmigo.
En ese momento el joven notó un pellizco en el brazo y retirándose de la prima la miró.
-¿Qué te pasa? -pregunto Esperancita
-Joder, que he sentido un pellizco y pensaba que habías sido tú -el chico se señaló el brazo- ¡mira!
Justo donde se señalaba tenía una señal.
-Eso es que te ha picado una avispa -dijo Esperaza.
- ¿Qué dices? ¡Eso es un pellizco! ¿Te acuerdas de los que nos daba la abuela cuando la hacíamos alguna trastada?
-¡Cállate loco! ¿No estarás insinuando que te ha dado la abuela un pellizco?
-¡Si lo insinúo, y mi zapatilla ha desaparecido! ¿quieres decirme quien se la ha llevado?
-¡Qué flipado estas! ¿tú te colocas o qué? -dijo Esperanza- ¡un muerto llevándose una zapatilla...se hubiera llevado las dos!
El chico dijo con guasa:
-Imagínate que tiene el ojo echado a alguno en el cielo y es cojo y ha pensado hacerle un regalo.
Esperanza soltó la carcajada y al mismo tiempo el chico dio un tropezón y cayó al suelo todo lo largo que era.
su padre le dijo:
- ¿Hijo, estas tonto... cómo te puedes caer estando parado?
Al mismo tiempo el chico daba con la cabeza en el bordillo haciéndose un corte que necesitó ocho puntos.
Esperancita no daba crédito, ¿cómo su primo se había caído estando parado? Y ella que tenía mucho respeto a la muerta pensó:
-La abuela ha tenido algo que ver con esto.
En ese momento notó en su mejilla un roce como de un beso y pensó: Lo sabía, abuela eres tú...te quiero.
La chica notó un abrazo y desde ese momento supo a las claras que su abuela estaría a su lado y que lo de su primo había sido un castigo por lo mal que se portaba siempre con ella. Siempre traía a la abuela de cabeza...¡los sustos que les había dado a sus abuelos!
Todavía se acordaba Esperancita, cuando su primo vio un huevo que terminaba de poner una gallina y mientras su amigo sujetaba a la gallina él intentaba volver a meter el huevo a la gallina...si no los pilla el abuelo, pobre gallina, lo que hubiera tenido que pasar. Cuando el abuelo le preguntó que por qué hacía eso, él le contestó que es que ese huevo quería dárselo a Julia y no quería que lo viese la abuela, por eso quería volver a meterlo en la gallina.
- ¿Y no habría sido más fácil esconderlo? -preguntó el abuelo
- Abuelo, pues eso quería hacer...ahí no lo habrían encontrado.
El abuelo se rió y no les hizo nada, él era así de bueno, si los llega a descubrir la abuela en vez de él...el pellizco en el brazo o el azote en el culo con la zapatilla no se lo había quitado nadie.
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