lunes, 31 de marzo de 2014

La muerte se venga VIII

Esa mañana ya estaban todos dispuestos para salir cada uno para su pueblo. Cuando se estaban despidiendo en la puerta, Miguel -el cuñado de Esperanza- le dijo:
- Ahora a ser fuerte, tú eres la que más la vas a echar en falta, estabais siempre juntas.
Esperanza empezó a llorar, no lloraba por la falta de su madre, bien sabía ella que a partir de ahora en su casa iba a notar más a su madre que cuando la tenía sentada en la silla de ruedas.
A Esperancita la abrazó su primo.
-Prima si encuentras en tu casa la hucha de la abuela, llámame y la compartes conmigo.
En ese momento el joven notó un pellizco en el brazo y retirándose de la prima la miró.
-¿Qué te pasa? -pregunto Esperancita
-Joder, que he sentido un pellizco y pensaba que habías sido tú -el chico se señaló el brazo- ¡mira!
Justo donde se señalaba tenía una señal.
-Eso es que te ha picado una avispa -dijo Esperaza.
- ¿Qué dices? ¡Eso es un pellizco! ¿Te acuerdas de los que nos daba la abuela cuando la hacíamos alguna trastada?
-¡Cállate loco! ¿No estarás insinuando que te ha dado la abuela un pellizco?
-¡Si lo insinúo, y mi zapatilla ha desaparecido! ¿quieres decirme quien se la ha llevado?
-¡Qué flipado estas! ¿tú te colocas o qué? -dijo Esperanza- ¡un muerto llevándose una zapatilla...se hubiera llevado las dos!
El chico dijo con guasa:
-Imagínate que tiene el ojo echado a alguno en el cielo y es cojo y ha pensado hacerle un regalo.
Esperanza soltó la carcajada y al mismo tiempo el chico dio un tropezón y cayó al suelo todo lo largo que era.
su padre le dijo:
- ¿Hijo, estas tonto... cómo te puedes caer estando parado?
Al mismo tiempo el chico daba con la cabeza en el bordillo haciéndose un corte que necesitó ocho puntos.
Esperancita no daba crédito, ¿cómo su primo se había caído estando parado? Y ella que tenía mucho respeto a la muerta pensó:
-La abuela ha tenido algo que ver con esto.
En ese momento notó en su mejilla un roce como de un beso y pensó: Lo sabía, abuela eres tú...te quiero.
La chica notó un abrazo y desde ese momento supo a las claras que su abuela estaría a su lado y que lo de su primo había sido un castigo por lo mal que se portaba siempre con ella. Siempre traía a la abuela de cabeza...¡los sustos que les había dado a sus abuelos! 
Todavía se acordaba Esperancita, cuando su primo vio un huevo que terminaba de poner una gallina y mientras su amigo sujetaba a la gallina él intentaba volver a meter el huevo a la gallina...si no los pilla el abuelo, pobre gallina, lo que hubiera tenido que pasar. Cuando el abuelo le preguntó que por qué hacía eso, él le contestó que es que ese huevo quería dárselo a Julia y no quería que lo viese la abuela, por eso quería volver a meterlo en la gallina.
- ¿Y no habría sido más fácil esconderlo? -preguntó el abuelo
- Abuelo, pues eso quería hacer...ahí no lo habrían encontrado.
El abuelo se rió y no les hizo nada, él era así de bueno, si los llega a descubrir la abuela en vez de él...el pellizco en el brazo o el azote en el culo con la zapatilla no se lo había quitado nadie.

lunes, 17 de marzo de 2014

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La muerte se venga VII

Esperanza se habría muerto de pena si hubiera visto donde estaba su madre, colgada en la lámpara, bueno, es un decir, pero sí, allí estaba en la lámpara. Porque a pesar de que nos solemos creer que los espíritus andan por los pasillos, la realidad es que "ellos" suelen estar siempre apoyados en algún sitio y las lámparas suele ser un sitio muy transitado por ellos. Debe ser que desde la altura pueden tenerlo todo controlado.

Un profesor indio, una vez me comentó, que las lámparas se debían limpiar siempre con plumero y suavecito...ha habido personas que han sacudido el polvo de las lámparas con paños y han oído como lamentos y quejidos.
Tened siempre cuidado, pues, al limpiar las lámparas de los techos y lo que se recomienda es no pulverizar nunca con sprays.

Esperanza lo tenía muy crudo, su madre se la había jurado y ahora empezaba una lucha que Esperanza no podía ganar. No se puede luchar contra lo que no se puede tocar. No te puedes defender de lo que no puedes ver.

Eran las 9 de la mañana, todos desayunaban para salir cada uno a su destino.
Esperancita dijo:
- ¡Qué pena, a esta hora desayunaba todos los días con la abuela!
- ¡Pobrecita! -dijo tía María
Esperancita pidió:
- Yo me quedo con el tazón que usaba la abuela para desayunar, quiero desayunar siempre en él.
- Anoche lo tiré a la basura -dijo su madre.
- ¿Por qué?
- Porque se me cayó y se rompió.

Estaba mintiendo. Ella por la noche estaba tan asustada que pensó que todo lo que hubiera en la casa que fuese de la abuela mejor estaba en la basura.

Esperancita fue a coger una taza para ponerse el desayuno y vio la taza de la abuela colocada en el mueble.
- Mamá, la taza de la abuela está aquí.
A Esperanza se le cayó la cuchara de la mano, pálida y con la voz entrecortada dijo:
- Creí que la taza que se me cayó anoche era la de la abuela.
- Ayer estábamos todos muy nerviosos -dijo su hermana

Mientras su hija desayunaba, a ella le parecía estar viendo a su madre desayunar. Se tomó rápido el café y se fue a su habitación pues los nervios no la dejaban parar ni un momento.
- ¡No puede ser, no puede ser! -se repetía

Esperanza en su habitación estaba desecha, o ella se estaba volviendo loca o había otra vida después de la muerte.
- ¡Qué majadera soy! Cuando te mueres se acaba todo -se decía ella misma.
Sintió una patada en la espinilla, se dobló de dolor y se tocó la pierna con la mano.
- ¿Mamá, por qué?
- Hija, eres una quejica. Eso es lo que solías decirme cuando me dabas en las piernas y te decía que tuvieras más cuidado.

Esperanza pensó que cuando llegara a Madrid tenía que ir a algún sitio donde le ayudaran a que su madre desapareciera.

- Hija, quítate esos pensamientos de la cabeza. Nadie puede hacer desaparecer a alguien que ya no está en este mundo. ¿Crees de verdad en esos mamarrachos que van con tanta maquinaria moderna diciendo que te sacan los espíritus de las casas? ¡Qué ilusos! El que viene a este mundo, no se va de aquí hasta que no haya cumplido su cometido.
- ¿Mamá, qué cometido es el tuyo?
- Ya lo sabrás. Donde yo estoy, ni avisamos, ni enseñamos, directamente actuamos.
- ¿Me vas a matar?
- Hija, soy tu madre, yo no podría matarte. ¿Tan mal te has portado conmigo como para creer que te puedo matar? ... Me marchó.

Adela desapareció dejando a su hija con la palabra en la boca. Lo que no la dijo es que ella no la podía matar. Como madre y aunque estuviese muerta, seguía queriéndola aun después de lo que ella la hubiese hecho. Pero el que estaba por encima de ella, ese actuaba sin dar cuentas y sin mirar ni la cuenta corriente, ni la clase social.

viernes, 14 de marzo de 2014

Mi último libro


¡Ya está aquí mi último libro! Hace apenas unas horas que está en la calle y ya tengo un montón de pedidos. Muchísimas gracias a todos los que me leéis.

sábado, 8 de marzo de 2014

8 de marzo

Hoy es el día de la mujer trabajadora, es decir, de todas las mujeres. A todas vosotras, Felicidades, pero en especial a todas las que hoy no pueden recordar que día es por haber perdido la memoria. Para todas ellas va esta poesía.

MALDITO ALZHEIMER

La primera vez que te vi
con tu muñeca en los brazos
sentí por ti un gran cariño.
Así me vi, con tus años,
maldito sea el alzheimer
y maldita la vejez
que nos destroza la vida
y nos hace enloquecer.

viernes, 7 de marzo de 2014

La muerte se venga VI

Le apretó la nariz hasta que notó que le faltaba la respiración...Él se sentó en la cama respirando con dificultad y diciendo:
- ¡Me muero, me muero!
Miró a su mujer y la vio dormida tranquilamente a su lado, la llamó pero ella no se movió, fue a despertarla pero entonces pensó en los tres días que llevaba sin dormir, entendió que estaría rendida y la dejó dormir. Cuando logró tranquilizarse pensó:
- Que sensación más rara, era como si alguien me estuviera apretando la nariz...
Se volvió a echar en la cama, cerró los ojos y de pronto le vino a la mente la imagen de la playa, tirando las cenizas y pensó -pobre abuela- y mentalmente empezó a rezar un padrenuestro.
Adela mirándole pensó:
- Te dejaré dormir, pero pobre de ti si llegas a hacer algún desprecio a mi hija.
Y saliendo de la habitación se dirigió a la de su hija Elena.
Elena estaba discutiendo con su marido, su yerno decía:
- ¿Tú crees que tu madre no iba a tener nada de dinero ahorrado para qué Esperanza no haya podido pagar su entierro?
En ese instante Juan soltó un taco mientras se llevaba la mano a la boca. Elena lo miró.
- ¿Qué te pasa?
- ¡Qué dolor, me he mordido la lengua! -dijo Juan.
Elena vio como echaba sangre por la boca y le dijo:
- Por la sangre que echas parece que te has partido la lengua por la mitad.
Cuando vio como tenía la lengua le dijo:
- Tenemos que ir a urgencias, tienes un corte terrible.
- No voy a ir, ya se curará solo. - dijo Juan
Pero en seguida se dio cuenta que no podía estar así, la hemorragia no se cortaba y tenía mucho dolor.
Se fueron a urgencias.... y ninguno de los dos pudo ver la sonrisa de Adela.
Adela se dirigió a la habitación de Esperanza, allí en la cama estaba el matrimonio acostado, cada uno mirando hacia un lado. Vio a su hija dormida tan tranquila y a ella se le revolvieron las tripas. La miró y la dijo:
- No vas a tener ni un minuto tranquilo en tu vida.
Y arrugando la nariz pegó a Esperanza un puntapié en la espinilla. Esta se despertó sobrecogida llevándose la mano a la espinilla. En ese momento pensó que su marido dormido le habría dado una patada. Entonces le gritó, pero se dio cuenta de inmediato que él no podía haber sido porque estaba de espaldas a ella.
Esperanza pensó en su madre y mentalmente preguntó:
- ¿Eres tú, mama?
La madre le contestó con otra patada.
- Mamá... después de muerta...¿qué más te da que te haya incinerado y echado al mar?....¡ya no sientes nada!
-Hija mía, vas a poder comprobar muy pronto lo que después de muerta puedes llegar a sentir - contestó la madre.
Esperanza empezó a llorar.
- Mamá perdona...-ahogaba en sollozos
- Sí hija...pidiendo perdón solucionas todo -dijo Adela
De pronto Esperanza se dio cuenta de lo que estaba diciendo... ¡estaba hablando con su madre!
- Estoy loca -pensó- creo estar viendo y oyendo a mi madre.
- No hija -contestó la madre- no estas loca todavía, te pondrás con el tiempo.
- ¡Mamá, por favor, déjame tranquila, déjame vivir!
- Esperanza, tú a mi no me has dejado descansar en paz.
- ¡Mamá...estas muerta!
- Pero no en paz. Tú tenías que haber respetado mis deseos, pero siempre has hecho lo que has querido y ni siquiera has podido respetar mis temores.
- Mamá, yo no puedo estar hablando contigo...¡estas muerta!...y los muertos no hablan, ni vuelven, somos nosotros los que nos creemos que los vemos.
- Te vuelvo a decir, Esperanza, que lo vas a comprobar tú misma muy pronto.
- Mamá...¿me vas a llevar contigo?
- Yo no tengo ese poder, si lo tuviera estaría descansando en el lugar que me corresponde, no por aquí como alma en pena. ¡Así es como estoy!