Esa noche todos dormían en casa de Esperanza. Al día siguiente sus hermanos se marchaban hacía Ciudad Real y ella para Madrid, donde vivía habitualmente.
Como no había cama para todos, a los seis jóvenes les pusieron sacos de dormir en el jardín. Estaban los chicos colocando los sacos cuando Esperancita dijo:
- Cuando vuelva a Madrid y vea que no está la abuela en casa...¡Cómo la voy a echar de menos!
- Yo más, con las veces que he dormido con ella en su cama -dijo su hermana Inés.
- Alguna noche estarás dormida y se meterá contigo en la cama -se rió Ismael
- No seas tonto, que me da mucho miedo -balbuceó Esperancita.
Lo que los chicos no sabían era que todos los bañadores habían quedado impregnados con la ceniza. Todos en sus ropas tenían un trocito de la abuela Adela.
Lo que muy pocos saben en esta vida, es que todo el muerto que tiene poder para volver a la tierra, tiene un poder inmenso para hacer cosas (tanto buenas como malas). Si viene a cuidar de un ser vivo, siempre lo cuidará y lo protegerá. Pero maldito el que viene a hacer el mal...ese, duplicará el poder que tiene para convertirlo en maldad.
A veces no entendemos lo que pasa en algunas familias, cosas inexplicables...y pensamos que son desgraciadas...pero si pudiésemos ver el fondo, veríamos que en la mayoría de las ocasiones hay un ser de otro mundo, un ser que seguramente aquí sufrió mucho por esa persona y cuando se va, vuelve para vengarse. El daño que recibiera en este mundo, lo duplicará para hacer el mal.
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